Historia de un canalla, por Julia Navarro

Tal vez para cualquier persona común, sería muy difícil hacer una afirmación como la del personaje principal de esta novela, pero para un canalla no lo es. Thomas es un canalla no solo porque afirma serlo, sino porque que toda la trama de este extenso libro se basa en el esfuerzo incansable de demostrarlo en un tono que a ratos exige comprensión, tal vez perdón y aceptación, lo que no es muy propio de un verdadero canalla. Debido a esto, el desarrollo del libro se diluye rápidamente en una historia muy poco creíble.

La maldad en todas las sociedades a lo largo de la historia a quedado patente en la frialdad de quienes la perpretan, su falta de interés en el prójimo, y sobre todo su nulo arrepentimiento. Sin embargo, Thomas, nuestro canalla, tiene un conflicto interno, digno de alguien que esta buscando redención, lo que produce dudas insostenibles en la argumentación de este libro. Un elemento esencial que la autora pareció no considerar ni comprender en lo absoluto al momento de crear un personaje que resulta poco creible. Un ejemplo de esto es la narrativa en primera persona, con expresiones en letras cursivas de lo que el protagonista, según el mismo describe, hubiera hecho, de no haber sido un canalla. El hecho de que tan sólo lo piense ya indica que su personalidad fue creada pensando en alguien diferente a lo se intenta presentar. Pero al agregar este elemento confuso, la autora no hace mas que bajar la velocidad a lo que podría haber sido una lectura ágil y novedosa.

Pero a su favor, o en contra, está el hecho de que este no es el principal elemento que nos impide disfrutar de “La historia de un canalla”. La falta de contenido, argumentos y la extraña finalidad de los mismos provoca un derrumbe de ideas que se desploman sobre nuestra mente. Mas bien que un libro merecedor de ser editado y circular por las librerías parece un borrador, un ensayo escolar o el primer libro de un novato.

Hacia el final del libro Thomas parece convencernos de que es malo, pero su maldad suena más bien a un capricho infantil más que a la de un personaje antagónico de novela. El desgaste que se extiende a lo largo de toda la lectura, donde lucha vorazmente por convencernos con toda clase de argumentos forzados de que es alguien malo, termina cumpliendo su objetivo, pero de una forma desastrosa. Digna de quien consigue algo por fraude, estafa o cualquier clase de engaño.

La narrativa en primera persona es altamente riesgosa. Podría ser muy positiva si se trata con delicadez y consigue el objetivo de expresar las ideas desde una óptica personal y nos permite empatizar con el personaje y sentirlo nuestro. Sin embargo, si se trata de la forma en que se nos presenta en esta publicación nos produce una sensación de carencia literaria, en la que al protagonista se le escuchan comentarios sobre otros personajes de la novela, en los cuales entrega detalles de cosas que él claramente no puede saber. Sin duda son elementos que están en la mente de la autora, pero es imposible desde cualquier perspectiva que el personaje los conozca, no solo por eso, sino que también porque son abiertamente contradictorios.  Así, estos detalles adversos que inundan la novela llegan a sentirse como un abierto desafío en contra de nuestro intelecto.

Con diálogos interminables, relatos innecesarios y una cantidad indeterminada de subconjuntos de secuelas y tramas, no hay lector que resista la tentación de sencillamente no acabar de leer las mas de 800 páginas de este libro. Las alusiones a eternas campañas políticas, dramas familiares y escenas relatadas torpemente no hacen más que empeorar este escenario, se tornan repetitivos y finalmente no nos llevan a ninguna parte. Lisa, Yoko, Constanza Olivia y Doris son algunas de las mujeres en la vida de Thomas, pero en la abundancia de estas, no se logra establecer un nexo real con ninguna de ellas. Sin duda un exceso de personajes, lo cual genera una cantidad de situaciones inverosímiles en los que se abordan temas familiares, entre ellas dos defunciones descritas con lujo de detalles, y que no nos aportan nada nuevo, mas bien crean un circulo vicioso que se repite una y otra vez y en las que finalmente se llega a la misma conclusión, su familia lo quiere, pero a él parece no importarle en lo absoluto, forzando una vez más un argumento débil y gastado.

Otro elemento que crea mayor confusión a esta desordenada trama, es su vida laboral como publicista, especialmente en lo relacionado con sus trabajos referentes a asuntos políticos, siendo el caso más representativo tal vez el de Roy Parker, lo que destroza aún más el orden creando una sensación de caos y confusión que afecta incluso a los lapsos del tiempo y el recorrido natural del mismo, lo que se agrava con las idas, salidas y venidas de un confuso Thomas en su vida, laboral, sentimental y familiar.

Se nos hace tremendamente difícil el poder disfrutar de esta lectura, sin sentir una extraña sensación de culpa, al traicionar las bases de lo lógico y hasta cotidiano de la vida. En la creación de un personaje sacado de una mente fantástica sin real sentido de lo que es actual ni verdadero. En resumen, “Historia de un canalla” es una novela degastada por la forma en que se plantea desde su génesis, sin pasar en ningún momento por una seria etapa de maduración literaria en su estructura y narración, con un contenido poco convencional pero un tópico abrumadoramente simple, predecible y finalmente vacío. Incluso uno llega a pasar ¿Cuál era la real intención de la escritora? ¿Cuál es su pretensión?, preguntas que quedan nubladas con un agravante que es el epílogo decepcionante, uno que nos deja al menos con ganas de ver y saber más de varios de los personajes que no fueron más que un destello de oscuridad.

Compartir:

1 Comment

  1. Un libro que te atrapa, sin duda Thomas es todo un canalla, algo monótono en las partes que repasa lo que podría haber si, pero no fue. De resto muy recomendado.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*