La Viuda, por Fiona Barton

En este nuevo thriller de crimen, se nos relata la historia de una pequeña que desaparece mientras su mamá la pierde de su vista. La noticia rápidamente se expande y el país se conmociona centrando la atención en los sucesos que se relatan y se desenredan a través de la novela.

La investigación y las pistas llevan a un posible sospechoso, Glen Taylor, un personaje diseñado quirúrgicamente, pero empaquetado a una estructura un tanto predecible. Tal vez faltó agudeza de parte de la escritora en el desarrollo de su comportamiento para beneficio del lector. Al principio de la historia la prensa centra su vista en él. La novela comienza cuatro años después de estos sucesos y justo después que Glen Taylor muere atropellado. Es entonces cuando entra en escena Kate Waters, una periodista con sigue una entrevista con la viuda del fallecido y logra conocer el sentir sobre la muerte de su esposo y sobre todo como el acoso de la prensa los afectó. Es aquí en donde se nos presenta un elemento que ya hemos visto en otras novelas similares, pero con resultados dispares, hablamos de una visión de los hechos desde distintas perspectivas es asi como desde la visual de tres de sus personajes principales podemos apreciar los distintos puntos de vista y formas de ver los sucesos que se irán relatando, pero sin lograr efectivamente el efecto deseado.

Aún antes de la publicación de esta novela, la autora Fiona Baton había creado gran expectativa en los asiduos lectores de este tipo de lectura. “La Viuda” fue proclamada casi como una continuación literaria de otro libro de similares características, hablamos de “La Chica del Tren”, que recibió el beneplácito de la crítica y fue éxito de ventas. Tristemente, las expectativas no se han cumplido, y el suspenso que se creó en torno a este libro es mayor al que encontramos en sus páginas y en una historia que se desarma y a ratos se vuelve confusa y hasta predecible.

Tal vez la intercalación del tiempo, los lugares, las personas y los momentos es la mayor hazaña del libro, lo que se consigue de forma aceptable, al menos dándole un fundamento que podría sostener las debilidades del resto de los elementos. No podríamos encasillar a “La viuda” en el área del suspenso ni decir que la intriga o la tensión sean algo constante. Tal vez tendríamos que tomarlo por lo que en verdad es, un relato sobre la investigación de la desaparición una niña, por cierto, un personaje con la cual no alcanzamos a conectarnos ni menos a empatizar, ni sentirla como real. Tal vez la forma de plantear la historia se hace demasiado uniforme y plana, no nos logra sorprender con nuevas averiguaciones ni nos logra conmover con sorpresas en la lectura.

Algunos de los personajes nos presentan ideas interesantes, pero no fueron diseñados con finesa y no se les aplicó vida, por lo que se pierdan en las buenas intenciones, en lo obvio y burdo, incluso podríamos llegar a pensar que a ratos es una burla a nuestro intelecto. En este respecto uno de sus personajes se lleva todos los premios en esto, hablamos del Inspector. Su forma de pensar, razonar o hasta llegar a ciertas conclusiones absurdas nos hace dudar hasta de su existencia en un ficticio mundo real. Hasta al leer algunas de sus deducciones pensamos si realmente dice lo que parece que está diciendo. Es triste decirlo, pero parece que se está burlando del lector. Podríamos decir que su posición es extemporánea, no está en el tiempo ni el lugar en el que debería. Incluso parece de otra época. Sorprende que la autora no tuviera la capacidad de crear un personaje actual. Lamentablemente la historia se derrumba sobre él. Por otra parte, la periodista, una mujer de férreo semblante y fuerte personalidad se diluye en la falta de episodios que intensifiquen y potencien su comportamiento, haciéndola lucir lejana y en segundo plano incluso cuando es el centro del momento. Su debilidad destruye el personaje. Una pena, cuando podría haber potenciado toda la estructura. Pero no es la peor. El personaje principal no se queda corto. La falta de claridad en la narrativa, el haber desaprovechado la oportunidad que entrega la visión en primera persona, algo que puede llenar nuestra mente de empatía en la lectura, y emociones similares a las nuestras, es destrozado por un personaje débil, sin marcada personalidad, que no nos permite sentir absolutamente nada hacia ella, ni amor, ni odio, más bien indiferencia, algo realmente peligroso para un personaje principal.

La estructura del proceso en el que se narra un juicio en dos capítulos, no es más que un ejemplo de la debilidad de los argumentos, los que se desarman fácilmente sobre sí mismos y no siguen una estructura continua que nos acompañe durante todo el libro. Falta el elemento unificador que encadene las partes del libro, que enlace los tiempos y el relato de forma más substancial considerando que esto podría haber sido la mayor fortaleza de la novela. Las frases cortas nos recuerdan mensajes en claves, intermitentes, de los que nuestra mente tiene que esforzarse por decodificar, haciendo tedioso el ritmo, restándole fluidez a la lectura.

Tal como si fuese un vislumbre general de lo que se viene, la Autora al menos tuvo la capacidad de crear expectativa, por lo que sólo al final del libro podemos darnos cuenta de que nuestra expectativa no se concretó. Pero ya es demasiado tarde para regresar. Solo nos queda matar la curiosidad del desenlace. Lo que nos deja con un sabor más amargo aún. Nos encontramos con un final interesante, es verdad, pero un plato repetido, sin aromas, ni ingredientes que le den condimento ni el realce que podríamos esperar. No hay emoción ni espectacularidad, ni nada que nos remueva en nuestras entrañas. Más bien, es un broche plástico y desechable.

En resumidas cuentas, no sería apropiado recomendar esta novela si lo que se busca es un verdadero thriller de crimen y suspenso. Hay mucho más allá afuera que supera con creces a “La viuda”.

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